Volendam se asoma al agua con la coquetería de quien se sabe retratado mil veces. El aire de este antiguo pueblo pesquero sabe a mantequilla tostada, a cabos de puerto y a la sal de la costa holandesa. Planificar una ruta con todo lo qué ver en Volendam exige entender que tras su primera línea de tiendas de recuerdos se esconde el corazón más auténtico de la región de Waterland.
Abrazada por el inmenso lago Markermeer, esta joya de postal conserva el ritmo pausado de las viejas villas marineras. Olvídate del bullicio frenético y las prisas de la capital. Si vas a viajar a Holanda, tu primera parada rural debe ser este rincón vibrante donde las fachadas de ladrillo rojo conviven con tejados apuntados que parecen salidos de un cuento de los hermanos Grimm.
Detrás de sus diques se resguardan canales silenciosos y puentes levadizos que cortan la respiración al amanecer. ¿Estás listo para descubrir por qué los pintores del siglo XIX convirtieron este puerto en su musco particular?
El vibrante Puerto de Volendam y su famoso dique
El paseo marítimo, conocido localmente como De Dijk, es el epicentro de la vida pública y el alma de la localidad. Esta larguísima avenida peatonal ejerce de barrera contra el agua y concentra las estampas más icónicas del municipio. A un lado se alinean los barcos amarrados; al otro, una hilera impecable de edificios con fachadas de madera.
El acceso al dique del puerto de Volendam es completamente libre y la vida aquí arranca desde las 9:00 horas. (Te sugiero madrugar para pasear antes de que lleguen los autobuses turísticos). Sentarse en uno de sus bancos de madera a ver el vaivén de los mástiles ofrece una panorámica brutal que justifica por sí sola la excursión.
El laberinto histórico de Het Doolhof
Situado justo a la espalda del puerto viejo, este barrio es la zona residencial más antigua y fascinante del municipio. Su nombre se traduce literalmente como «El Laberinto» debido a su trazado urbano completamente irregular. Aquí las calles no siguen una línea recta ni un plan preconcebido.
Pasear por Het Doolhof es adentrarse en un entorno de calma total donde las pequeñas casitas de madera verdes se suceden entre callejones estrechos y canales en miniatura. Las ventanas de los locales muestran decoraciones meticulosas con encajes y flores frescas. Es un punto de paso obligatorio y gratuito que requiere el máximo respeto al silencio de los vecinos.
Los fotogénicos canales de Volendam y el puente Meerzijde
Aunque la fama se la lleve Ámsterdam, la red de vías fluviales interiores de esta villa tiene un encanto muchísimo más íntimo. Al salir de las arterias más comerciales te toparás con rincones donde el agua parece un espejo perfecto. La arquitectura tradicional se refleja aquí sin las distorsiones del turismo de masas.
El rincón más buscado por los amantes de la fotografía viajera se encuentra en la calle de la zona de Meerzijde. Cruzar sus puentes levadizos de madera pintada te permite capturar la esencia de la campiña holandesa más pura. Un paseo de apenas veinte minutos a pie te bastará para descubrir este oasis de paz urbana.
El aroma artesanal de Woltjes Backerij
A solo unos pasos del agua se despliega una parada imprescindible para los paladares golosos que visitan el norte del país. Esta panadería histórica es un auténtico templo dedicado al dulce más famoso de la región. El olor a caramelo derretido te guiará de forma natural hasta su puerta de entrada.
En el interior de Woltjes Backerij no solo podrás comprar estas delicias, sino que en su planta superior ofrecen demostraciones reales de cómo se cocina el auténtico stroopwafel (el gofre fino holandés relleno de sirope). Abre todos los días de 10:00 a 19:30 horas y la experiencia de comerte uno recién hecho y templado cuesta unos 3,50 euros.
El verdadero secreto para disfrutar de un stroopwafel como un local: colócalo un par de minutos sobre la taza de tu café caliente para que el vapor derrita el caramelo del interior antes de morderlo.
La degustación tradicional en la Cheese Factory Volendam
Para entender la gastronomía de la provincia hay que sumergirse en la historia de sus quesos más célebres. Esta fábrica y museo interactivo detalla de forma muy amena el proceso completo de transformación de la leche. La entrada al espacio de exposición es totalmente gratuita durante todo el año.
La visita a la Cheese Factory Volendam culmina en una enorme sala de catas donde es posible probar decenas de variedades, desde el Gouda joven hasta piezas curadas con chile o pesto. El personal atiende vestido con los trajes tradicionales de la zona. Abre diariamente de 10:30 a 17:00 horas en la temporada de primavera y verano.
La travesía náutica en el Volendam Marken Express
El orgullo marítimo de la comarca se disfruta mejor desde la cubierta de un barco cruzando las aguas del antiguo Zuiderzee. Este servicio regular de ferry conecta la villa con la vecina península de Marken desde hace más de un siglo. Las embarcaciones parten de forma puntual cada 30 o 45 minutos.
Subir a bordo del Marken Express requiere un billete de unos 16 euros para el trayecto de ida y vuelta (una inversión redonda si planeas una excursión desde Ámsterdam completa). El viaje dura apenas media hora y te regala una perspectiva preciosa de los diques del pueblo desde el agua.
El curioso Museo de Volendam y la Casa de las Bandas de Puros
Aquellos viajeros que busquen profundizar en el folclore local encontrarán en la calle Zeestraat un tesoro histórico sorprendente. Este centro cultural conserva colecciones formidables de trajes típicos, maquetas de barcos de pesca antiguos y recreaciones de viviendas del siglo XIX.
La gran excentricidad del Museo de Volendam es la llamada Casa de las Bandas de Cigarros, una sala cuyas paredes están completamente tapizadas con más de 11 millones de anillas de puros formando mosaicos de monumentos mundiales. Abre de marzo a noviembre de 10:00 a 17:00 horas y el tique de acceso cuesta unos 5 euros.
El Museo de Palingsound y la tradición de la anguila ahumada
Los buscadores de identidades locales tienen una cita obligada en la planta superior del restaurante Jan Smit, en pleno muelle. Este espacio rinde homenaje a un fenómeno doble: el género musical propio del pueblo (el Palingsound) y la pesca de la anguila. Es una visita tan peculiar como divertida.
La entrada al Museo de Palingsound cuesta apenas 1,50 euros por persona. Tras revisar las fotos y discos de oro de los músicos locales, la tradición manda bajar a la taberna del puerto para pedir una ración de anguila ahumada (gerookte paling), la gran comida típica local que los pescadores preparan con recetas secretas de madera de haya.
La sobria arquitectura de la Iglesia de San Vicente
En el corazón histórico se levanta el principal templo católico de la comunidad, un edificio que rompe con el paisaje protestante mayoritario del resto del país. Construida en 1860 sobre los cimientos de una capilla medieval, su silueta destaca entre el caserío bajo.
El interior de la iglesia de Sint-Vincentiuskerk es notablemente austero pero alberga unos bancos de madera tallada magníficos y una acústica imponente. Es el refugio perfecto si el clima de la costa se vuelve demasiado ventoso. El acceso es libre y suele abrir por las tardes para el recogimiento.
El templo histórico de Stolphoevekerk
La última parada de la ruta nos lleva ante el monumento religioso más antiguo del municipio, levantado originalmente en el año 1658. Su estampa externa despista a muchos viajeros ya que su estructura recuerda más a un gran granero tradicional que a un santuario cristiano.
La pequeña iglesia de Stolphoevekerk cuenta con una planta cuadrada idéntica y un tejado piramital inmenso coronado por un pequeño campanario de madera.
Declarada monumento nacional por su valor histórico, esta joya protestante conserva intacto el ambiente de la Holanda del Siglo de Oro. Abre principalmente los domingos para el culto.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
Conexiones viajeras desde la costa
Una vez completada esta detallada guía de viaje, la joya del Markermeer funciona como la lanzadera perfecta para explorar el resto de los pueblos de la comarca de Waterland. A menos de quince minutos en el autobús de la línea 316 se encuentra Edam, la cuna mundial del queso de bola más famoso.
¿Prefieres ver los molinos de viento que desafían al viento del norte? Los canales tradicionales y los talleres de zuecos artesanales de Zaanse Schans te esperan a poco más de media hora de trayecto por carretera.
¿Qué rincón de esta llanura ganada al mar vas a fotografiar primero desde el dique?





