Sentir la niebla matinal abriéndose paso entre moles de piedra caliza es una sensación mágica. Si estás organizando una escapada al norte y te preguntas qué ver en Picos de Europa para conectar de verdad con el paisaje, estás en el lugar idóneo.
Este indómito territorio, compartido por Asturias, Cantabria y León, conforma el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa. Aquí los valles verdes mueren de golpe en paredes verticales, los ríos esculpen desfiladeros de vértigo y el aire huele a hierba mojada, leña y queso madurado en cueva.
Olvídate de los miradores masificados donde solo se para el coche cinco minutos para hacer la foto rápida. Prepárate para descubrir aldeas colgadas de las nubes, senderos míticos y cumbres legendarias que desafían al cielo.
1. Los mitológicos Lagos de Covadonga
Subir las rampas sinuosas que nacen cerca de Cangas de Onís es adentrarse en un escenario de fábula. Los lagos Enol y Ercina (y el escurridizo Bricial, que solo aparece con el deshielo) descansan en cubetas glaciares a más de 1.000 metros de altitud.
Las aguas transparentes reflejan las cumbres calcáreas mientras las vacas pastan con total parsimonia a tu alrededor. Es el gran icono del paisaje asturiano y una parada obligatoria si vas a viajar a Asturias.
Durante los meses de verano y Semana Santa, el acceso en vehículo privado está restringido. Deberás utilizar los autobuses lanzadera oficiales cuyo billete de ida y vuelta cuesta exactamente 9 euros por adulto.
2. El Santuario de Covadonga, la cuna de la historia
Justo antes de coronar los lagos, la carretera te detiene frente a una aparición de piedra rosa: la Basílica de Santa María la Real, recortada de forma imponente contra los bosques verdes.
A pocos pasos se esconde la Santa Cueva, un rincón de oración excavado directamente en la roca sobre una cascada natural. Allí descansa la pequeña talla de la Virgen y los restos del rey Pelayo.
La entrada al recinto es completamente libre. Te aconsejo visitarla a última hora de la tarde, cuando los grupos de turistas se marchan y el rumor del agua cayendo por el acantilado se vuelve el único sonido de la zona.
3. La Ruta del Cares y la garganta divina
Para los entusiastas del senderismo en España, este desfiladero es una de las travesías más espectaculares y deslumbrantes que se pueden realizar a pie.
La ruta del Cares une las localidades de Poncebos (Asturias) y Caín (León) a través de un sendero tallado en la roca de la garganta. Paredes de piedra de más de 500 metros de altura flanquean el cauce del río cristalino.
La caminata completa de ida y vuelta mide exactamente 24 kilómetros, es completamente llana pero carece de sombras. Lleva agua abundante y calzado con buen agarre para superar el firme pedregoso.
4. El vertiginoso Teleférico de Fuente Dé
Cambiando de vertiente hacia el lado cántabro de la sierra, este prodigio de la ingeniería te eleva de forma casi vertical hasta el corazón del macizo central.
El cable salva un desnivel de 753 metros en apenas 3 minutos y 40 segundos de viaje. Al salir de la estación superior, a 1.847 metros de altitud, te encontrarás en un sobrecogedor paisaje de alta montaña.
El billete de ida y vuelta ronda los 24 euros en temporada alta. Desde el mirador de cable colgado sobre el vacío disfrutarás de una panorámica brutal de los valles lebaniegos.
5. Bulnes, la aldea aislada de los Picos de Europa
Hasta el año 2001, los vecinos de este recóndito pueblo de montaña solo podían acceder a sus casas caminando por un sendero empinado a través de la canal del tejo.
Hoy puedes llegar de forma cómoda gracias al funicular subterráneo que atraviesa las entrañas de la roca desde Poncebos en solo 7 minutos. El precio del trayecto de ida y vuelta es de 22 euros.
Pasear por sus dos barrios, decorados con viviendas tradicionales de piedra y canales de agua limpia, es como detener el reloj. Las pocas tabernas locales sirven sidra fresca y guisos reconfortantes.
6. El majestuoso Naranjo de Bulnes (Picu Urriellu)
Ninguna guía de turismo de naturaleza por la zona estaría completa sin mencionar la cima más mítica y sagrada del alpinismo español.
El Naranjo de Bulnes es una colosal mole de piedra caliza de 2.519 metros de altitud. Su imponente pared oeste cuenta con una caída vertical de 500 metros que estremece a los escaladores.
Si no deseas realizar una caminata dura de alta montaña para llegar a su base, puedes contemplar su majestuosa silueta desde el mirador de Pozo de la Oración, en las inmediaciones de Cabrales.
7. Sotres, el techo habitado del parque
Ubicado a unos 1.050 metros de altitud, este pintoresco núcleo rural ostenta con orgullo el título de ser el pueblo más alto de toda Asturias.
Sus calles empinadas están rodeadas de farallones rocosos y praderas alpinas. Las construcciones conservan los tejados tradicionales de teja pesada para soportar las nevadas del invierno.
Es el epicentro de la maduración del famoso queso de Cabrales. Los productores locales aprovechan las cuevas naturales del entorno, con humedad constante del 90%, para lograr ese sabor intenso tan característico.
8. Potes y el encanto del Valle de Liébana
Terminamos este completo recorrido bajando hacia la villa que ejerce de capital histórica de la comarca cántabra que abraza las montañas por el sur.
El entramado urbano de Potes destaca por sus puentes medievales y la imponente Torre del Infantado, una fortaleza de piedra del siglo XV que vigila la confluencia de los ríos Quiviesa y Deva.
Es el rincón idóneo para disfrutar de la contundente gastronomía asturiana y cántabra, destacando el famoso cocido lebaniego a base de garbanzos pequeños y compango local.
Tip de Lucía: El clima en la alta montaña del norte es sumamente cambiante e impredecible. Incluso si viajas en pleno mes de julio con previsión de cielos despejados, mete siempre en la mochila un buen chubasquero y una prenda de abrigo ligera. ¡La niebla del Cantábrico puede cerrar el valle en cuestión de minutos!
¿Te vas a conformar con ver las siluetas de las cumbres desde la distancia o vas a calzarte las botas para adentrarte en el corazón de la roca?








