Hay rincones del Mediterráneo que se quedan grabados en la retina para siempre. Si estás organizando una escapada por el litoral catalán y quieres saber qué ver en Tossa de Mar, prepárate para descubrir la única población medieval fortificada que se conserva intacta a pie de playa en toda la comunidad autónoma.
Esta antigua villa de pescadores, ubicada en la indomable Costa Brava (a unos 40 kilómetros de la ciudad de Girona), enamoró en su día a pintores como Marc Chagall y a estrellas de Hollywood como Ava Gardner. Las calles adoquinadas de su núcleo histórico huelen a salitre, a pinos mediterráneos y al aroma reconfortante del suquet de peix que se cocina a fuego lento en las tabernas marineras del centro.
Olvídate del turismo de masas de otras localidades vecinas. Ajusta el sombrero, prepara la cámara y acompáñame a recorrer esta guía detallada paso a paso para exprimir un destino que combina historia medieval y aguas turquesas de forma magistral.
1. La majestuosa Vila Vella y las murallas de Tossa
Es el auténtico emblema de la localidad y la postal más fotografiada de la región. La Vila Vella de Tossa es el barrio viejo fortificado, un fotogénico laberinto de piedra rodeado por una muralla del siglo XII construida para defender a la población de los ataques de los piratas del norte de África.
El acceso al recinto es libre y gratuito. Pasear por el adarve defensivo al atardecer, flanqueado por siete imponentes torres circulares donde destaca la torre de las Horas y la torre de Joanàs, te regalará una panorámica limpia del perfil marino que justifica por sí sola todo el viaje.
2. El Faro de Tossa y el Mirador del Acantilado
Coronando el punto más alto del cabo, justo en el lugar donde se levantaba el antiguo castillo de Tossa de Mar que hacía las veces de palacio del abad, se ubica el faro actual. Construido en 1917, el faro de Tossa sigue activo hoy en día guiando a las embarcaciones que cruzan este tramo de la provincia de Girona.
El edificio alberga el Centre d’Interpretació dels Fars de la Meditarrània (la entrada cuesta unos 3 euros). Las terrazas exteriores funcionan como un mirador vertical brutal sobre los acantilados de roca calcárea, un balcón natural perfecto para sentir la fuerza de la tramuntana rozándote la cara.
3. Las ruinas de la Iglesia Gótica de San Vicente
Escondidas entre los callejones de piedra de la Vila Vella se levantan las poéticas ruinas de este templo del siglo XIV. Destruida en gran parte durante el siglo XIX por la explosión de un almacén de municiones francés, hoy solo permanece en pie el ábside, parte del presbiterio y la bóveda apuntada.
Al quedar el templo completamente abierto al cielo, la luz mediterránea se filtra entre los arcos ojivales de piedra de una forma mística. El espacio, de acceso libre, se utiliza de forma habitual en los meses de verano para albergar pequeños conciertos de guitarra clásica al aire libre.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
4. La Playa Gran de Tossa y el perfil de las torres
Ubicada justo a los pies del recinto amurallado, esta lengua de arena gruesa y dorada de casi 400 metros de longitud ofrece una de las estampas urbanas más singulares de Europa. La playa Gran de Tossa combina la comodidad de una playa urbana con un telón de fondo monumental único.
Sus aguas suelen ser cristalinas, aunque debido a la pendiente del fondo marino, cubre a los pocos pasos de entrar al agua (un detalle a tener en cuenta si viajas con niños pequeños). En el extremo norte de la playa suelen amarrar las coloridas barcas de madera de los pescadores locales, aportando un toque marinero entrañable.
5. El encanto escondido de Es Codolar
Cruzando el portalón de la muralla por la parte trasera llegarás de forma directa a esta diminuta cala resguardada. La playa de Es Codolar era el antiguo puerto natural de la villa y se encuentra encajonada entre la base del acantilado del faro y las rocas escarpadas de la costa.
Al estar protegida de los vientos del norte, sus aguas mansas transparentes funcionan como una piscina natural idónea para ponerse las gafas de bucear y practicar snorkel. Los fondos marinos rocosos de esta zona están repletos de posidonia, pequeños sargos y pulpos escondidos en las grietas.
Tip de experta: Si quieres disfrutar de una experiencia diferente sin necesidad de usar el coche, toma uno de los barcos de fondo de cristal (Fondo Cristal) que zarpan desde la playa Gran. El billete cuesta unos 15 euros y te lleva a recorrer las cuevas marinas cercanas, como la mítica Cova d’en Gispert, entrando con la propia embarcación en el interior de la roca.
6. El sendero del Camino de Ronda hacia Cala Pola
Para los entusiastas del senderismo costero, el tramo del GR-92 que parte de Tossa hacia el norte es una delicia visual. Este tramo del histórico camino de ronda discurre entre pinos carrascos y miradores al abismo, comunicando la localidad con algunas de las mejores calas de la Costa Brava.
Siguiendo la senda durante unos 4 kilómetros (alrededor de una hora de caminata suave) llegarás a la espectacular cala Pola. Esta cala de apenas 70 metros destaca por su arena blanca y gruesa y un agua de un color azul turquesa tan intenso que parece retocada con un filtro digital.
7. La herencia romana de la Villa de Els Ametllers
Para entender que el magnetismo de este lugar viene de lejos, solo hay que cruzar a la zona de la Vila Nova para visitar este yacimiento arqueológico del siglo I a.C. La villa romana de Els Ametllers fue una próspera explotación agrícola dedicada a la exportación de vino hacia Roma.
La visita es totalmente gratuita y el circuito está perfectamente señalizado con paneles explicativos. Podrás distinguir las dos zonas del complejo: la rústica (los almacenes y prensas) y la urbana, donde se conservan los cimientos del palacete señorial, las termas privadas y un conjunto de mosaicos geométricos preciosos.
8. Barrio de Sa Roqueta y el tapeo marinero
Fuera de las murallas medievales se extiende este antiguo barrio de pescadores que nació en el siglo XVI cuando la población empezó a crecer. Sa Roqueta es un entramado de calles estrechas y llanas con casas blancas adornadas con macetas de geranios rojos que conserva la esencia marinera más pura.
Es la zona por excelencia de la localidad para alejarse de los restaurantes más turísticos de la primera línea de mar. Busca una taberna tradicional en la calle Portal y pide una ración de anchoas de la zona, unos buñuelos de bacalao artesanos o unas almejas a la marinera acompañadas de un vino blanco de la D.O. Empordà.
9. Probar el auténtico Cim i Tomba
No se puede cerrar una guía sobre qué hacer en Tossa de Mar sin rendir un homenaje riguroso a su plato nacional. El cim i tomba es un guiso marinero tradicional que los pescadores preparaban a bordo de sus barcas cuando pasaban muchas horas faenando en alta mar.
El plato consiste en una base de patatas, cebolla y pimientos, sobre la que se coloca pescado blanco fresco de roca (normalmente rape, raya o cazón), todo ello cubierto con una capa generosa de alioli suave cocinado que liga la salsa. Una propuesta culinaria potente y reconfortante que pone el broche de oro perfecto a tu ruta por la Costa Brava.
¿Qué plan te apetece más para inaugurar tu viaje: el silencio místico de las ruinas góticas frente al mar o descender por el camino de ronda hasta una cala virgen?








