El aroma a hierba fresca de los acantilados se funde de golpe con el salitre del mar abierto. Frente a ti se despliega una hilera interminable de dunas doradas mecidas por el viento constante de la costa occidental de Cantabria.
La majestuosa Playa de Oyambre es uno de los tesoros litorales mejor conservados de toda la Costa del Cantábrico. Este arenal virgen destaca por su paisaje puramente norteño, donde la montaña asturiana y los valles cántabros parecen asomarse directamente al agua.
Muchos turistas se quedan atrapados en los cascos históricos de los pueblos vecinos sin llegar a pisar esta joya natural protegida. Un rincón que combina la bravura de las olas atlánticas con la paz absoluta de sus marismas silenciosas.
1. Caminar por los dos kilómetros de arena fina
El principal atractivo de este paraje es la inmensidad de su orilla arenosa durante la marea baja. La Playa de Oyambre cuenta con una longitud exacta de 1.800 metros y una anchura media que ronda los 40 metros de superficie útil.
El paseo completo de punta a punta te llevará unos 40 minutos entre la brisa y el sonido rítmico de la marea. Es el ejercicio perfecto para desconectar mientras observas las siluetas de los Picos de Europa recortándose al fondo en los días despejados.
2. Explorar el sistema de dunas de Oyambre
Justo detrás de la franja de arena húmeda se levanta un valioso y frágil ecosistema de montículos cubiertos de vegetación silvestre. Las famosas dunas de Oyambre actúan como una barrera natural imprescindible que protege el interior de las embestidas del mar.
Para preservar su delicada flora (como el nardo marítimo), existen senderos y pasarelas de madera acondicionadas que no debes abandonar bajo ningún concepto. El contraste visual entre el verde de las plantas y el dorado de la arena es fotográficamente imbatible.
3. Descubrir la desembocadura de la ría de la Rabia
En el extremo oriental del arenal, el paisaje cambia por completo al encontrarse con las corrientes de agua dulce de la hermosa ría de la Rabia. Esta zona de transición mareal forma un laberinto acuático que sirve de refugio invernal para decenas de especies de aves migratorias.
Cuando la marea sube, el agua inunda los llanos creando una especie de lago templado y calmado ideal para los más pequeños. (Y sí, es el sitio favorito de los locales para pasear al atardecer lejos del oleaje principal).
4. Iniciarse en el surf en Cantabria
La orientación abierta al mar abierto convierte a este sector de la costa en un imán constante para los vientos del noroeste. Las condiciones del agua son fantásticas para la práctica del surf en Cantabria, atrayendo a deportistas de todos los niveles.
Durante la temporada estival, el oleaje moderado y los fondos limpios de arena fina son ideales para recibir los primeros bautismos de olas. Varias escuelas locales ofrecen alquiler de neoprenos y tablas directamente en los accesos autorizados de la zona oeste.
5. Recorrer el sendero del Parque Natural de Oyambre
Este espacio playero forma el núcleo central del protegido Parque Natural de Oyambre, un territorio de altísimo valor ecológico de casi 6.000 hectáreas. Una red de senderos rurales conecta la playa con los acantilados vecinos y los densos bosques de secuoyas cercanos.
La ruta costera te permitirá asomarte a miradores naturales colgados sobre el mar donde rompen las olas con fuerza salvaje. Es una inmersión absoluta en la Cantabria más rural, donde es habitual cruzarse con vacas tudancas pastando junto al abismo.
6. Visitar el histórico pueblo de Comillas
A una distancia de apenas 4 kilómetros hacia el este se localiza una de las villas modernistas más bonitas de España. El municipio monumental de Comillas es la excursión complementaria obligatoria tras pasar una jornada de sol y baños en la naturaleza.
Allí podrás admirar obras arquitectónicas magistrales como El Capricho de Gaudí o el imponente Palacio de Sobrellano. La cercanía permite combinar en un solo día el relax del mar con una de las rutas culturales más potentes del norte.
7. Pasear por el puerto de San Vicente de la Barquera
Si pones rumbo hacia el oeste, a tan solo 6 kilómetros de la orilla encontrarás la mítica villa marinera de San Vicente de la Barquera. Su espectacular silueta con el castillo medieval y el puente de la Maza es una de las estampas más famosas del norte de la península.
Su bahía está íntimamente ligada a la playa, compartiendo el mismo sistema de rías occidentales que define la geografía de la zona. Es el lugar perfecto para terminar el día cenando un buen sorropotún (el tradicional guiso de bonito de los pescadores locales).
8. Disfrutar de un picnic en los prados verdes elevados
A diferencia de las playas urbanas masificadas, aquí las toallas conviven directamente con las colinas de pasto que mueren en la arena. Los pequeños cerros que vigilan el aparcamiento principal ofrecen laderas de hierba limpia perfectas para sentarse a comer.
Muchos viajeros optan por llevar su propia comida y disfrutarla desde lo alto con vistas completas al horizonte del mar Cantábrico. Las puestas de sol desde estos prados elevados tiñen el agua de tonos rojizos memorables.
Consejo de Laura: En los meses de julio y agosto el Ayuntamiento habilita campas de hierba privadas que funcionan como parking por una tarifa fija que ronda los 3 euros por todo el día. Intenta llegar antes de las 11:00 de la mañana, ya que aunque el arenal es enorme, el espacio para los coches es limitado.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
Información práctica para organizar tu visita
El acceso por carretera es muy sencillo y se realiza a través de la vía autonómica CA-131, que une las localidades de Comillas y Barquera de forma directa. La playa cuenta con accesos adaptados para personas con movilidad reducida, duchas públicas operativas en verano y un puesto de salvamento de la Cruz Roja.
Debido a que es una zona abierta y frecuentemente ventosa, es muy recomendable consultar la tabla de mareas local antes de acudir. Con la marea alta el espacio de arena se reduce notablemente, mientras que la bajamar deja al descubierto decenas de charcas naturales ideales para explorar.
¿Te animas a dejarte conquistar por la fuerza del mar y el verde infinito de este paraíso cántabro en tu próximo viaje?








